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Siguiendo con el tema de la semana pasada: “Peligros en la carretera”, hoy os vamos a hablar del peligro que supone el ganado suelto y los animales libres al conducir.

Cuando circulamos por una vía, lo normal, es que los riesgos concretos (curvas, cambios de rasante, alcances, desprendimientos…) suelan estar señalizados, para advertirnos que debemos maximizar nuestra atención y moderar la velocidad. A pesar de esta señalización, debemos estar alerta, ser prudentes y prevenir que, en cualquier momento, durante la conducción, podemos sufrir un percance en nuestro camino, en el que tenemos que saber cómo actuar para evitar, en lo posible, cualquier daño personal, material o a un animal.

Muchas veces nosotros mismos provocamos, inconscientemente, situaciones de peligro; por ejemplo, cuando se nos cruza un animal y no sabemos cómo reaccionar. Intentando evitar el atropello, producimos un siniestro vial, que tiene como resultado, no sólo la posible muerte del animal, sino también daños materiales en nuestro vehículo, en la vía, e incluso, posibles lesiones en nosotros mismos y/o en el resto de viajeros.

ovejaNosotros que estamos ubicados en el Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama, conocemos muy de cerca el peligro que representa el ganado pastando por algunas carreteras secundarias y los animales sueltos que se mueven libremente por el campo (reptiles, zorros, ardillas, gatos, conejos, ciervos, jabalís, aves…) y que pueden cruzar la vía en cualquier momento.

Normalmente los conductores tenemos prioridad de paso para nuestros vehículos, excepto: En las cañadas señalizadas, cuando crucemos un arcén en el que estén circulando animales que no dispongan de cañada o cuando vayamos a girar para entrar en otra vía y haya animales cruzándola (aunque no exista paso para éstos).

Las cañadas o pasos de ganado de carácter general se señalizarán por medio de paneles complementarios con la inscripción «cañada», que se colocan debajo de la señal «paso de animales domésticos», con su plano perpendicular a la dirección de la circulación y al lado derecho de ésta, para que sea fácilmente visible para los conductores. Dicha señalización suele estar complementada con las correspondientes señales de limitación de velocidad.

Aunque los tramos de carretera por donde podemos encontrar estos animales suelen estar señalizados, resulta difícil saber por dónde van a cruzar. En cualquier momento, pueden sorprendernos durante la conducción, por lo que debemos estar alerta y extremar la precaución, sobre todo, si conducimos de noche. Con la luz de cruce algunos animales se asustan, o se deslumbran, muchos se quedan inmóviles, por lo que podremos esquivarlos mejor.
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Si advertimos con antelación su presencia, primero debemos reducir la velocidad y después tocar el claxon (para ver cómo reacciona el animal). Puede que reaccione de forma contraria a la deseada por nosotros.

Lo recomendable es tratar de evitar el atropello sin frenar bruscamente ni dar volantazos, moviendo con suavidad el volante. Pero si no fuera posible evitarlo, por muy duro y cruel que nos parezca, si el animal es pequeño es preferible arrollarle (si con ello impedimos un siniestro mayor) sujetando firmemente el volante y continuando en línea recta.

Sin embargo, si el animal es de gran tamaño (como una vaca, un ciervo o un jabalí, por ejemplo) debemos intentar esquivarlo, desviándonos ligeramente hacia la derecha (si las condiciones de la vía lo permiten). Si la carretera es de doble sentido, debemos evitar invadir el carril contrario de la calzada. Debemos sujetar con fuerza el volante y soltar el acelerador para mantener en todo momento el control de nuestro coche. Si no nos fuera posible evitar el atropello, intentaremos que el impacto contra el animal no sea frontal, para evitar que entre en nuestro vehículo a través del parabrisas.

Si se produce el atropello, como mínimo nos producirá unos daños en nuestro vehículo y… ¿Quién responde por ellos?

En los casos donde el animal no tiene propietario (como en el caso de los zorros o los jabalís, por ejemplo), el responsable de cubrir esos daños es la Administración o en la empresa encargada de la gestión y el mantenimiento de la vía.

peligroanimales2En caso de que el animal sea doméstico y tenga dueño (perros, ganado, caballos…) será éste, el que responda de los daños causados por el hecho de no tener al animal atado o controlado.

Si el animal está abandonado y no tiene chip, ni ninguna otra identificación, al no estar asegurado, podemos reclamar a través del Juzgado de lo Contencioso Administrativo o directamente al Consorcio de Compensación de Seguros.

Si los daños causados a nuestro vehículo son como consecuencia de una maniobra para evitar el atropello, a pesar de nuestra buena de voluntad de salvar al animal, tendremos que demostrar que íbamos atentos y que nuestra conducción se ha visto sorprendida y que no había otra forma de proceder ante la inesperada irrupción del animal a nuestro paso. Cuánto mayores son los daños humanos o materiales, si no existe prueba final sobre el animal, porque éste ha salido ileso o corriendo, más difícil nos resultará probar nuestra “inocencia”.

En cualquier caso, después del impacto contra el animal o tras el siniestro vial para evitar el atropello, lo mejor es mantenernos en el lugar del suceso o lo más cerca que nos resulte posible y llamar a los agentes de tráfico para que levanten el correspondiente atestado o toma de denuncia. En ella plasmarán el rastro del animal, si lo hubiera, y su trayectoria antes y después del atropello.

Además, si el animal ha muerto como consecuencia del impacto, los agentes de tráfico se encargarán de realizar las gestiones para retirar al animal o si ha resultado malherido se encargarán de avisar a los servicios de mantenimiento de la vía y a alguna protectora o empresa de rescate de animales cercana. De esta forma se garantizan y se agilizan los trámites necesarios con la compañía de seguros.

En definitiva, para evitar el impacto contra un animal debemos disminuir la velocidad e incrementar la atención a lo lejos y también en los márgenes de la carretera con el fin de reaccionar con antelación, ya que desviarse o frenar de forma intensa puede ser peligroso.

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